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miércoles, 20 de octubre de 2021

Mérito y bien común

 

Michel J. Sandel, profesor de la Universidad de Harvard, plantea en su reciente libro La tiranía del mérito, que se ha perdido la noción del bien común. La meritocracia basada en el éxito, como resultado del propio esfuerzo y no de la suerte, es una forma de pensar que empodera, pero que tiene un reverso oscuro. “Si mi éxito es obra mía, su fracaso debe ser culpa suya”. Una convicción como ésta, hace de la solidaridad casi un proyecto imposible.

El éxito puede ser sinónimo de salvación y es por ello que en muchas organizaciones donde reina el fantasma del despido, trabajar duro es el impulso para un mejor desempeño, siendo el ascenso la recompensa. Esto trae como consecuencia el sentir que uno es responsable de su propio éxito y por tanto de su destino. Muchas personas sacrifican libertad y felicidad en la búsqueda del éxito. En las organizaciones se habla de gestión del talento o guerra por el talento, pero esta “gestión o guerra”, también promueve personas más individualistas, menos preocupadas por la suerte de los demás y muy competitivas. Se es ganador o perdedor, llevando la competitividad al extremo, donde algunos pueden incurrir en faltas a la ética para poder obtener su salvación o éxito. Ejemplos de este tipo sobran en las empresas e instituciones de nuestro país.

Por ello, es necesario reconocer que nadie es un merecedor autosuficiente, que somos afortunados de estar rodeados de personas que nos permiten ser quienes somos, y que siempre se requiere de otros para poder expresar los talentos.

Es cierto que en igualdad de oportunidades, las personas pueden ascender hasta donde sus méritos las lleve, sin embargo, también es cierto que en la realidad esas oportunidades no son iguales para todos. En Chile el 1% posee más del 25% de la riqueza generada en el país, en cambio el 50% de los hogares de menores ingresos concentra algo cercano al 2%. Sabemos que el acceso a las mejores universidades es para quienes han tenido una mejor educación obtenida mayoritariamente en colegios particulares, y que en los trabajos, quienes tengan mejores credenciales universitarias serán los que tengan mayores posibilidades de éxito. Por el contrario, quienes no han podido lograr el éxito, recibirán el mensaje implícito de que ello ha sido por su responsabilidad, por no haberse esforzado lo suficiente. De modo que se van creando condiciones de resentimiento en personas que también contribuyen de manera esencial pero que no han conseguido o perseguido el éxito, y ven que la sociedad no les otorga oportunidades y condiciones dignas para vivir. Pareciera que la meritocracia no es una solución para mejorar las condiciones de desigualdad ni tampoco ha sido garantía para obtener el éxito. 

Si pensamos como ejemplo en Alexis Sánchez, uno de los futbolistas chilenos mejores pagados en la actualidad a nivel mundial, que además tuvo una infancia de difícil pobreza, nadie dudaría en asegurar que es un ejemplo de meritocracia. No obstante, si no fuera por su familia, su escuela, su tutor y una industria del futbol que sabe dónde invertir, o bien, si su talento hubiese sido otro, tal vez la suerte también habría sido distinta. La igualdad de oportunidades es un factor corrector que permite, solo a veces, escapar de una dura realidad. Lo importante en una sociedad justa es considerar también la igualdad de condiciones, donde se valoricen correctamente los talentos.

La meritocracia es importante porque valora el esfuerzo personal, pero lo será más cuando las motivaciones no sean sólo el ascenso y el éxito, sino el amor por el aprendizaje y por expresar los talentos más allá de la contingencia que les otorga un valor. La sociedad debe ofrecer las condiciones para que se puedan expresar los talentos en condiciones dignas, no solo por su valor de mercado, como debiese ocurrir por ejemplo con los profesores, imprescindibles en los procesos de aprendizaje escolar.

Por su parte, aquellos que consigan el éxito debido a sus méritos, ojalá no olviden que en ello participaron también otras personas, como la familia, los profesores y la comunidad. Como dice el autor del libro señalado, el reconocer que somos afortunados de estar en una sociedad que premia nuestros talentos particulares, nos puede hacer más humildes y más generosos a la hora de pensar en el bien común.

viernes, 24 de febrero de 2012

Introducción


Hace muchos años, siendo Gerente de Recursos Humanos de Enaex, una empresa de servicios a la minería, empecé a enviar mensajes a través de correos electrónicos a toda la organización. Lo hacía cada lunes con el propósito de ayudar a disminuir los efectos negativos del regreso a la oficina, después de dos días de descanso.

La idea era dar un mensaje motivador, que sirviera de impulso a los lectores, para iniciar con ánimo la semana. Los mensajes empezaron a tener aceptación y cada vez, recibía algunas respuestas que fueron progresivamente aumentando, a veces para manifestar un acuerdo y otras para rechazar el contenido o con la intención de abrir un debate. Algunas personas se sentían identificadas o sensibilizadas por estos mensajes y eso me permitía profundizar en algunos temas que parecían más relevantes.

Durante la permanencia en esa empresa, participé en diversos proyectos, tales como incorporar un Modelo de Gestión para la Excelencia, introducir las normas ISO y desarrollar el área de recursos humanos, por la vía de incrementar el profesionalismo de sus integrantes y mostrar resultados que ayudaban al desarrollo de la empresa. Los mensajes que enviaba cada semana, iban apoyando estos procesos y los acontecimientos que vivía la organización.

Pasó el tiempo y en agosto de 2008, tuve que abandonar la empresa donde había trabajado por casi veinticinco años. Uno de los regalos más sorprendente que recibí al momento de la partida, fue la colección de todos o casi todos los mensajes que había enviado durante años. Un colaborador amigo, se dio el trabajo de conservarlos, imprimirlos, anillarlos y obsequiármelos. El releer los mensajes y comprobar que muchos de ellos aún estaban vigentes, quizás fue el primer impulso para dar origen a este libro.

Dejar la empresa luego de tantos años de trabajo, fue una experiencia dolorosa. Mientras buscaba un nuevo empleo, recuperé algunos espacios familiares perdidos, establecí redes de contacto, tomé café con muchos amigos, envié mis antecedentes a diversos “head hunters” y seguí algunos procesos formales de selección de personal. Al final de ese período de transición que duró aproximadamente tres meses, obtuve muchos aprendizajes, pero quizás uno de los más importantes, fue el haber construido una red de amigos, que me ayudaron con reflexiones, consejos, datos, contactos, compañía, pero sobre todo con palabras de optimismo y esperanza.

En agradecimiento a ellos, decidí reiniciar el envío de mensajes de los días lunes, pero ahora con una orientación distinta, más personal. Con la idea de plasmarlos finalmente en un libro, y en mi doble calidad de poeta e ingeniero, con algunos libros publicados y con experiencia de profesor en varias universidades, pensé que podía juntar esas vertientes y transformar los mensajes en inspiraciones que les permitiera en primer lugar a mis amigos y luego a un público en general, aprender más sobre sus condiciones de liderazgo. De ese modo, renacieron los mensajes de los lunes, que entonces, junto a una reflexión sobre las organizaciones, llevaban adjunto un poema, escogido de acuerdo a la naturaleza del mensaje que quería entregar.

La poesía aporta una forma diferente para apreciar los conceptos de liderazgo, con una perspectiva más libre y menos estructurada. La poesía permite soñar, imaginar, recrear y cuestionar. En la conexión mágica y misteriosa del subconsciente con el consciente, la poesía aporta un lenguaje más amplio que el utilizado generalmente en las empresas.  

En el libro "El arte de la dirección" que da nombre a este blog, se reúnen parte de los mensajes enviados durante esa etapa de transición, más otros nuevos, especialmente seleccionados para esta edición, organizados de acuerdo a los temas que considero más relevantes para entender una organización. Se finaliza con un conjunto de escritos, algunos de los cuales he publicado en revistas o páginas de Internet y que integran los temas tratados, a través de experiencias o análisis concretos.

El título, “El arte de la dirección”, proviene de definir arte como una manifestación o actividad creativa, capaz de generar sentimientos y transmitir ideas, utilizando algunos recursos. En este caso, los recursos son la poesía y los conceptos de gestión empresarial, siendo el primero un vehículo para ampliar los alcances del segundo.

Como guía, escogí un Modelo de Gestión para la Excelencia, de amplia difusión y conocimiento internacional, para ayudar a los líderes a reconocer los aspectos más importantes que pueden considerar para mejorar su propia gestión, independientemente del lugar donde se encuentren y del nivel que ocupen.

El Modelo Europeo de Gestión para la Excelencia seleccionado, fue creado como ayuda para las organizaciones que se han iniciado en el camino de la excelencia, estimulando la búsqueda de soluciones y compartiendo las buenas prácticas de empresas que han decidido establecerlo como sistema de gestión. Preferí este Modelo, pues además de ser un referente en muchos países, es similar a la gran mayoría de los actualmente utilizados en todo el mundo.

Los poemas fueron elegidos de tal modo que sirvan para transmitir sentimientos y permitan entrar en áreas que habitualmente permanecen insensibles en el actuar de los líderes, ampliando el lenguaje y facilitando el acceso a una forma de pensar no lineal, creativa y libre. La poesía con su frescura, vence las resistencias al cambio y modifica las realidades limitantes.

El doctor Sergio Peña y Lillo en su libro “El enigma de lo poético” señala: “La verdadera poesía siempre dice más de lo que relatan las palabras, porque la riqueza de su mensaje no está tanto en las ideas que expresa, sino en las formas verbales que utiliza; en su atmósfera fonética, simbólica y tonal”.

En resumen, este libro pretende ser una fuente de inspiración para el liderazgo y su gestión en las empresas del siglo XXI, una liberación de las ataduras que generan los roles y una entretención para quienes puedan apreciar la belleza de la poesía. Si esta unión de poesía y liderazgo es factible, vamos adelante, de lo contrario, sigamos el consejo de Nicanor Parra y levantemos la sesión:

Señoras y señores:
Yo voy a hacer una sola pregunta:
¿Somos hijos del sol o de la tierra?
Porque si somos tierra solamente
No veo para qué
continuamos filmando la película:
Pido que se levante la sesión.