Durante años me ha
correspondido realizar muchas entrevistas de trabajo, y también, me ha tocado participar
en otras, como entrevistado. A medida que ha ido pasando el tiempo, he
aprendido que más importante que hacer preguntas, es escuchar las respuestas. Por
ello, es mejor hacer pocas preguntas. La escucha activa permite que los
candidatos se develen, que vayan mostrando poco a poco quienes son.
He llegado a establecer un
mínimo de cuatro preguntas que considero muy relevantes y suficientes, que
sintetizan todo lo que uno puede querer saber de un candidato durante una
entrevista. Pregunta uno:
-
No me interesa saber a qué te dedicas. Quiero
saber qué es lo que añoras y si te atreves a soñar o alcanzar lo que tu corazón
ansía.
Esta pregunta conecta al
entrevistado con su futuro deseado, con sus sueños y expectativas. Lo acerca a sus
modelos y a su visión de vida. Lo obliga a salir del momento presente, de la
respuesta habitual y simplista. Ya no se trata de responder sólo para conseguir
un trabajo, sino de mostrar sus expectativas como un ser integral. Pregunta
dos:
-
No me interesa saber qué edad tienes. Quiero
saber si te arriesgarás por tus sueños, por la aventura de estar vivo.
Las organizaciones le dan
mucha importancia a la generación a la cual pertenecen los candidatos, generan
estrategias para captar y retener talentos, y muchas veces, las entrevistas se
transforman en mostrar una organización que no existe en la realidad. En ese
intento, el entrevistador se priva de escuchar, de ver quién está al otro lado
y ofrece algo que tal vez, la empresa nunca podrá entregar. Por eso, en esta
pregunta no importa si el candidato es generación X, Y o Z. Importa saber dónde
están sus talentos, qué habilidades le faltan y si ese sueño que pudo haber
descrito en la primera pregunta, tiene alguna posibilidad de comenzar a
realizarse en la organización que hace el proceso de selección. También debería,
probablemente, escucharse algo sobre las capacidades de tomar decisiones y de
resiliencia. Pregunta tres:
-
No me interesa dónde, qué, o con quien has
estudiado. Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu
alrededor.
La persona que llega a una entrevista,
seguramente ya ha presentado sus títulos y diplomas, por lo que preguntar sobre
los estudios no aporta demasiado. Sin embargo, es relevante saber cuáles son sus
valores, saber cómo se sostiene ante las dificultades, cómo reaccionará cuando
cambien las prioridades del negocio, cuáles serán sus consideraciones con su
equipo, su ética. Importa saber si escapará a la primera dificultad o se
mantendrá fuerte e íntegro. Pregunta cuatro:
-
Quiero saber si puedes estar sólo contigo
mismo y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos
de soledad.
Esta es la pregunta que
muestra las capacidades de liderazgo, pone de manifiesto el conocimiento que se
tiene de sí mismo, señala al que no huye. Posiblemente no es un trabajólico, ni
es híper activo, quizás sí muy reflexivo. Importa saber desde donde se define,
cuál es la calidad de sus éxitos. Saber que cuando tome una decisión, tenga
consideración por los demás y que sepa respetar las diferencias.
Me bastan estas cuatro
preguntas y luego escuchar. Estas cuatro preguntas, sin embargo, no son mías,
son estrofas del poema La invitación de
Khalil Gibrán, un poeta libanés que falleció durante el siglo pasado en el año 1931.
Se cuenta que Elvis Presley se inspiraba
con el libro El profeta, considerada su obra cumbre, y que John Lennon, tomó
parte de una de sus frases al escribir Julia, canción que apareció en el famoso
Álbum Blanco de Los Beatles, diciendo al inicio: “La mitad de lo que digo
carece de sentido, pero lo digo para que la otra mitad pueda llegar a ti.” Khalil
Gibrán ha inspirado a músicos, escritores y poetas.
La
invitación es un poema del siglo pasado, y sin embargo, mantiene su
vigencia y frescura, a tal punto, que con su simpleza, puede servir como base
en un proceso de selección de personal y como inspiración al liderazgo
organizacional.
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