jueves, 24 de marzo de 2016

Desperté, y vi que la vida era servicio.

Para que una organización pueda ir más allá de sus posibilidades imaginadas y se diferencie verdaderamente de otras, los líderes deberían aceptar que se ponga en movimiento una forma de pensar distinta, que no funcione con las restricciones de lo conocido.
En este sentido, en el libro El arte de la dirección, propongo que la poesía, al igual que otras manifestaciones artísticas, puede servir de inspiración para el liderazgo organizacional. La poesía a través del lenguaje, realiza la conexión con aquellas áreas desconocidas de la mente, que pueden transformar el ejercicio del análisis en una acción creativa, de desbloqueo, de transformación y superación, convirtiendo el liderazgo en algo único, en un viaje que trasciende sus propios paradigmas. En otras palabras, la poesía, puede convertir al liderazgo en una experiencia trascendental.
Vicente Caruz, quien fuera hasta hace pocos años presidente del Banco del Desarrollo de Chile, opinó en su artículo “Negocios con arte”, escrito para la desaparecida Revista Empresa, Arte y Cultura: “Pensar que la poesía puede formar parte del management parece, a primera vista, una locura. Pero es lógico y hasta coherente, porque para crecer y desarrollarse, toda empresa necesita nutrirse y buscar el verdadero sentido de sus acciones, de los pasos que da para alcanzar un objetivo.”
El poeta norteamericano David Whyte ha puesto en práctica este vínculo, utilizando talleres para ayudar a ejecutivos y gerentes a mejorar sus formas de conversar. En una entrevista realizada para la Harvard Business Review, el poeta señaló: “Mi trabajo es hacer que los ejecutivos se pregunten, ¿cuál es la conversación valerosa que no estoy sosteniendo y que necesito tener para dar el siguiente paso?”.
En otro ejemplo, el psicólogo y matemático Tony Buzán, creó un método orientado a usar al máximo las capacidades mentales. En el libro El poder de la inteligencia creativa en el capítulo “Shakespeare y tú: ambos poetas”, enseña cómo usar los mapas para generar poemas, utilizando el poder de la asociación y de la imaginación. Quizás esta sea la forma más concreta de acercar la poesía a los procesos creativos que se desarrollan en las organizaciones.
En el libro se cita a más de cincuenta poetas, cuyos poemas pueden servir de inspiración para los líderes que buscan una diferenciación profunda. Como ejemplos, Joseph Rudyard Kipling nos muestra que cuando el líder se comprende a sí mismo, adquiere actitud de servicio y logra un autocontrol, que transmite a su entorno, alcanzando el dominio de todo lo posible. Víctor Corcoba, entrega una perspectiva del proceso de educación, como algo integral y artístico. Khalil Gibrán da pistas para encontrar un buen socio estratégico. Gabriela Mistral y Rabindranath Tagore nos hablan del placer del servir. Pablo Neruda nos previene del peligro de los números y las reglas sin sentido. Antonio Machado y Willian Blake, nos señalan la importancia de la responsabilidad social. Ernesto Cardenal y Manuel Bandeira, entre otros más, nos muestran los misterios y dificultades para encontrar los resultados deseados.
La poesía permite soñar, imaginar, recrear y cuestionar, aportando un lenguaje más amplio que el utilizado generalmente en las empresas. Los líderes deben tener la capacidad de buscar resultados en lo improbable, en lo inesperado y en lo atípico. Es así, como la poesía se convierte en un recurso para transformar la dirección de empresas en un arte.

De Rabindranath Tagore el poema “Servir”:

Dormía, y soñaba
que la vida era alegría.
Desperté, y vi
que la vida era servicio.
Serví, y vi
que el servicio era alegría.

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