Para que una organización
pueda ir más allá de sus posibilidades imaginadas y se diferencie
verdaderamente de otras, los líderes deberían aceptar que se ponga en
movimiento una forma de pensar distinta, que no funcione con las restricciones
de lo conocido.
En este sentido, en el libro El arte de la dirección,
propongo que la poesía, al igual que otras manifestaciones artísticas, puede
servir de inspiración para el liderazgo organizacional. La poesía a través del
lenguaje, realiza la conexión con aquellas áreas desconocidas de la mente, que
pueden transformar el ejercicio del análisis en una acción creativa, de
desbloqueo, de transformación y superación, convirtiendo el liderazgo en algo
único, en un viaje que trasciende sus propios paradigmas. En otras palabras, la
poesía, puede convertir al liderazgo en una experiencia trascendental.
Vicente Caruz, quien fuera
hasta hace pocos años presidente del Banco del Desarrollo de Chile, opinó en su
artículo “Negocios con arte”, escrito para la desaparecida Revista Empresa,
Arte y Cultura: “Pensar que la poesía puede formar parte del management parece,
a primera vista, una locura. Pero es lógico y hasta coherente, porque para
crecer y desarrollarse, toda empresa necesita nutrirse y buscar el verdadero
sentido de sus acciones, de los pasos que da para alcanzar un objetivo.”
El poeta norteamericano David
Whyte ha puesto en práctica este vínculo, utilizando talleres para ayudar a
ejecutivos y gerentes a mejorar sus formas de conversar. En una entrevista
realizada para la
Harvard Business Review, el poeta señaló: “Mi trabajo es
hacer que los ejecutivos se pregunten, ¿cuál es la conversación valerosa que no
estoy sosteniendo y que necesito tener para dar el siguiente paso?”.
En otro ejemplo, el psicólogo
y matemático Tony Buzán, creó un método orientado a usar al máximo las
capacidades mentales. En el libro El
poder de la inteligencia creativa en el capítulo “Shakespeare y tú: ambos
poetas”, enseña cómo usar los mapas para generar poemas, utilizando el poder de
la asociación y de la imaginación. Quizás esta sea la forma más concreta de
acercar la poesía a los procesos creativos que se desarrollan en las
organizaciones.
En el libro se cita a más de
cincuenta poetas, cuyos poemas pueden servir de inspiración para los líderes
que buscan una diferenciación profunda. Como ejemplos, Joseph Rudyard Kipling nos muestra que cuando el líder se
comprende a sí mismo, adquiere actitud de servicio y logra un autocontrol, que
transmite a su entorno, alcanzando el dominio de todo lo posible. Víctor
Corcoba, entrega una perspectiva del proceso de educación, como
algo integral y artístico. Khalil Gibrán da pistas para encontrar un buen socio
estratégico. Gabriela Mistral y Rabindranath Tagore
nos hablan del placer del servir. Pablo Neruda nos previene del peligro de los
números y las reglas sin sentido. Antonio Machado y Willian Blake, nos señalan
la importancia de la responsabilidad social. Ernesto Cardenal y Manuel Bandeira,
entre otros más, nos muestran los misterios y dificultades para encontrar los
resultados deseados.
La poesía permite
soñar, imaginar, recrear y cuestionar, aportando un lenguaje más amplio que el
utilizado generalmente en las empresas. Los líderes deben tener la
capacidad de buscar resultados en lo improbable, en lo inesperado y en lo atípico.
Es así, como la poesía se convierte en un recurso para transformar la dirección
de empresas en un arte.
De Rabindranath Tagore el poema “Servir”:
Dormía, y soñaba
que la vida era alegría.
Desperté, y vi
que la vida era servicio.
Serví, y vi
que el servicio era alegría.
que la vida era alegría.
Desperté, y vi
que la vida era servicio.
Serví, y vi
que el servicio era alegría.
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