Vivimos
en una sociedad que se centra en el tener y en el hacer, donde al parecer no
hay espacio para el silencio y la contemplación. El verdadero ser que se construye cada día, queda oculto y
prisionero tras estos afanes, que han arrastrado a muchas personas a vivir en
el consumismo, la mentira y el sufrimiento.
Si
queremos cambiar, debemos hacerlo desde un nivel distinto al cual estamos
acostumbrados. Albert Einstein dijo: “El mundo tal como lo hemos creado, es un
proceso de nuestro pensamiento. No se puede cambiar, sin cambiar nuestra forma
de pensar”. La pregunta es: ¿se puede cambiar? y, ¿cómo se puede realizar este
cambio?
El escritor japonés,
Haruki Murakami, en su libro De qué hablo
cuando hablo de correr, relata una experiencia de estar en el presente o en
atención plena: “Mientras corro, simplemente corro. Corro en medio del vacío.
Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el vacío. Y
también es en el vacío donde se sumergen esos pensamientos esporádicos” Y más
adelante agrega: “Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro, se
parecen a las nubes en el cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que
vienen y van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras
invitadas. Algo pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo. El cielo es
algo que, al tiempo que existe, no existe. Algo material y, a la vez,
inmaterial. Y a nosotros no nos queda sino aceptar la existencia de ese inmenso
recipiente tal cual es, e intentar ir asimilándola.” Murakami recuerda en el
mismo libro, el día y la hora exacta cuando tomó la decisión de escribir.
Estaba viendo un partido de béisbol y señala: “Todavía recuerdo con nitidez el
cielo completamente despejado, el tacto de la hierba fresca que acababa de
reverdecer y el agradable sonido del bate. En ese momento, algo cayó suave y
sigilosamente desde el cielo y yo, sin duda, lo recibí.” En ese momento de mágico
silencio, el futuro escritor no pensaba en escribir, no pensaba en un argumento
ni en una estrategia para su novela, no pensaba en la fama, sólo permanecía en
el presente con atención plena, respirando y dejando pasar los pensamientos. Al
parecer, la clave para un mejor pensar, sería dejar de pensar, al menos de vez
en cuando.
La atención plena o meditación
para la atención plena, se puede caracterizar por un proceso bastante sencillo,
según relata Chade-Meng Tan en su libro Busca
en tu interior: “El proceso comienza con la intención. Puede ser cultivar
la inteligencia emocional o reducir el estrés. Cada vez que desarrollamos una
intención, sutilmente estamos formando o reforzando un hábito mental. Tras
crear una intención, lo siguiente que debemos hacer es seguir la respiración.
Sólo hay que enfocar la atención con delicadeza en el proceso de la
respiración. Nada más”. Si hay un pensamiento distractor, hay que volver la
atención a la respiración, sin crítica, sin juicio, con actitud positiva.
La intención de la que habla
Chade-Meng Tan, responsable de los programas de crecimiento personal en Google,
puede ser la gran trampa donde el pensamiento actúa, en su deseo incesante de
poner nubes en el cielo. ¿Puede haber intención sin pensamiento? Krishnamurti
lo expresa de este modo: “El silencio de la mente no puede producirse por la
acción de la voluntad. Hay silencio cuando la voluntad termina. Esto es
meditación. La realidad no puede buscarse; existe cuando el buscador no existe.
La mente es tiempo, y el pensamiento no puede descubrir lo inconmensurable”. Esto no significa negar la importancia del
pensar, sino otorgarle su verdadero valor.
Chade-Meng Tan cuenta
que el programa Busca en tu interior se
enseña en Google desde el año 2007. Entre los maestros invitados a dicho
programa se cuenta a Daniel Goleman y a Jon Kabat-Zinn, entre otros. Ese curso
ha permitido que muchos alumnos encuentren un nuevo sentido a sus empleos y
mayor realización. Los contenidos teóricos y prácticos, dentro de los cuales lo
principal es la meditación para atención plena, fomentan la creatividad, la
productividad y la felicidad de quienes han asistido.
En esta sociedad
centrada en el tener y en el hacer, donde se vive buscando el placer y
arrancando del sufrimiento, tal vez valga la pena permanecer por algunos instantes
al día en silencio, cambiando los hábitos mentales negativos y dejando que el
interior se manifieste sin miedo, sin ansiedad y de un modo más contemplativo.
Un verdadero encuentro con el ser.